En el nombre de Dios

Si te pregunto qué estarías dispuesto a hacer por reivindicar tus derechos o por defender tus ideales, imagino que me harías un gran listado en el que te presentarías como un auténtico héroe ideológico o como un gran mesías, pero ¿realmente estarías dispuesto a hacerlo si llega el momento?

En cambio, si le pudiéramos preguntar al monje vietnamita Thich Quang Duc, tendría muy claro lo que estaría dispuesto a hacer, y sin duda no le temblaría el pulso para dejarse rociar con gasolina y prenderse fuego, tal y como hizo el 11 de junio del 63. Sus ideas y convicciones eran tan importantes para él, que decidió quitarse la vida para ayudar a sus hermanos, y se aseguró de que su acto no pasara desapercibido.

Aquella mañana, todos los medios internacionales fueron avisados por parte de un grupo de monjes sobre un gran acto de protesta que iba a tener lugar en Vietnam. Muchos de ellos ni siquiera le dieron importancia, pero el periodista Malcolm Browne pensó que ese aviso y sus emisores no podían mentir, así que decidió partir con su cámara sin saber muy bien qué esperar. De esa manera, fue él el único en hacerse con una dramática escena que hizo temblar a los Estados Unidos.

Quang Duc, a Buddhist monk, burns himself to death on a Saigon street June 11, 1963 to protest alleged persecution of Buddhists by the South Vietnamese government. (AP Photo/Malcolm Browne)

¿Puede un ser tan mentalmente débil como el hombre dejarse inmolar en nombre de un dios, de un profeta o de sus creencias religiosas? Durante años hemos visto seguidores de todas las religiones hacer cosas terribles por defender sus creencias. Mismamente, el 11 de septiembre de 2001, Nueva York sufrió una de estas reivindicaciones en su propia piel cuando distintos individuos lanzaron varios aviones a las Torres Gemelas provocando multitud de muertes; o el 11 de marzo de 2004 cuando hicieron explotar un vagón en plena ciudad de Madrid.

Pero no solo encontramos ejemplos en nuestra historia reciente. Existen multitud de otros hechos históricos que, siendo avalados tanto por gobernantes como personas poderosas, llegaron incluso a poner en riesgo civilizaciones enteras.

Es el caso de la masacre llevada a cabo por el conocido dictador Adolf Hitler, cuyas ideas llegaron hasta tal extremo que estuvo a punto de acabar con los judíos. Lo que muchos no saben es que Hitler se refugió en la religión católica como una excusa para la erradicación de estos y el Vaticano no hizo mucho por evitarlo.

Similar a Hitler pero sin la exagerada erradicación que su mandato acarreó, fue lo que hicieron los Reyes Católicos que, con el objetivo de quedar en paz con la Santa Sede, pusieron en marcha multitud de campañas para la expulsión de los musulmanes, viéndose perjudicados también los judíos.

Miremos por donde miremos la historia está llena de muertes en el nombre de lo divino, lo que me hace preguntarme qué opinarían sus deidades sobre todos los asesinatos, mutilaciones, sangrías, guerras y conflictos que llevan sus nombres. Sin duda, si lo que algunos libros sagrados cuentan es cierto, deberían ser los primeros en condenar y perseguir a los ejecutores. Pero ¿qué sucede cuando son sus representantes quienes actúan como verdugos?

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