Hoy, mañana y siempre

Recientemente me recomendaron leer un libro en forma de diario que relataba la investigación de John Griffin en Estados Unidos, en la que cuenta cómo consiguió cambiar el pigmento de su piel y pasar de vivir en una acomodada sociedad blanca a una sometida sociedad negra.

George Floyd, Trayvon Martin, Eric Garner, Michael Brown, Walter Scott, Freddie Gray, Sandra Bland, Philando Castile, Botham Jean, Atatiana Jefferson, Breonna Taylor y Ahmaud Arbery, son tan solo algunas de las miles de personas que podrían convertirse en los protagonistas de este inesperado diario que relata el día a día de los negros en Estados Unidos, lamentablemente estos están muertos.

Hace no mucho, el problema racial en occidente parecía no existir. Los medios de comunicación miraban hacia otro lado cuando veían el abuso de un blanco sobre un extranjero independientemente de su raza, pero poco a poco se fue visibilizando hasta que la muerte de George Floyd a manos de un policía blanco estadounidense, provocó que les estallase en la cara a los dirigentes políticos de todo el mundo. Tras aquello, las revueltas se fueron extendiendo reivindicando la importancia de las vidas de los negros.

Pero vayamos a los inicios de todo este problema, cuando una sociedad bien situada en el mapa decidió expandirse y se tropo con lo que para esta eran unos seres muy similares al ser humano pero de otro color. Esa sociedad, provista de armas y herramientas más avanzadas a las de aquellos “seres”, decidió someterles para su propio beneficio llegando a apropiarse de los pocos recursos que estos tenían.

Con el paso del tiempo y dada la innecesaria idea de expansión colonial, dicha sociedad decidió exportarlos como a una mera mercancía para hacerles trabajar bajo su mando. De esa manera, la idealizada raza blanca seguiría manteniendo sus privilegios mientras que, la raza negra, se dedicaba a lo que supuestamente dios había estipulado para ellos.

Poco a poco esas ideas fueron cambiando en muchos lugares del planeta, llegando a reconocer a los negros como personas, pero algunas creencias religiosas mantenían que estas nuevas personas no eran del todo iguales al hombre blanco dado que aseguraban que estaban desprovistos de un alma, requisito indispensable para ser considerado humano por parte del mismo dios.

A pesar de eso, el tiempo siguió corriendo llegando a una era donde supuestamente aún en algunos lugares se sigue considerando a los hombres negros inferiores a los blancos por la sola distinción en el color de su piel. Esa era es la nuestra, la que estamos viviendo.

Ahora bien, mi pregunta es si aún somos tan ingenuos como para no ver que este problema no sucede tan solo en Estados Unidos. ¿Tan cortos de miras somos en occidente como para no poder ver que sigue existiendo esa supremacía blanca? ¿O es que se debe a que nos tienen distraídos con otros problemas menores como para no poder parar a mirar un segundo a nuestro alrededor?

Si me centrase solo en España, estoy seguro de que a muchos se les vendrían a la mente actos televisados recientes donde ciertos partidos políticos y otras ideologías ladran en contra de estas personas y los tildan de una clara amenaza para nuestro país. Está claro que es mucho más sencillo echarle la culpa a otros antes que admitir nuestros propios errores.

También podría pensarse en los últimos acontecimientos ocurridos en Estados Unidos, ese país de avance desigual en cuanto a las políticas de derechos civiles, donde han tenido lugar ciertos asesinatos, persecuciones y represiones de los negros en los últimos años. Pero no, no me refiero a todo esto.

Lo que realmente quiero presentar es la relación que existe entre los supuestos países del primer mundo con los temidos y despreciables países del tercer mundo. Esa relación que ha provocado que unos tengan que depender de los mismos que les están robando los pocos recursos que albergan en sus territorios desde hace miles de años.

Realmente me parece vergonzosa la actuación que realizan los países europeos yendo a África a ponerles vacunas a los “pobres negritos” o “permitiendo” a los niños venir a sus casas a pasar unos días y reírse de ellos cuando se emocionan y entristecen al comprobar que nosotros tenemos agua en el grifo de nuestras casas, mientras muchos de ellos deben andar decenas de kilómetros para hacerse con poco más de un litro.

¿De verdad pensamos que los países del tercer mundo están así porque las circunstancias climáticas o divinas lo han causado? ¿De verdad somos tan sumamente imbéciles para no ver que nuestros maravillosos teléfonos móviles, nuestras televisiones y nuestros coches dependen de los recursos que expropiamos a los habitantes de África?

Estoy seguro que cuando Griffin decidió embarcarse en la aventura de sobrevivir en Estados Unidos como un negro más, no era capaz de llegar a imaginar lo que se terminó encontrando a pesar de poder verlo con sus propios ojos en las calles. Mucho menos podemos imaginar nosotros si seguimos pensando que el problema nos queda lejos.

Por todo esto es por lo que pienso que los hechos que cuenta el autor en Black Like Me, no son hechos desactualizados en nuestra historia. A día de hoy, muchas personas siguen sufriendo lo que sufrió Griffin durante ese corto periodo de tiempo en el que se hizo pasar por negro. Desgraciadamente el ser humano tiende a repetir los errores del pasado, lo que provocará que, como no se tome acción desde ya, nosotros no lleguemos a vivir una igualdad real entre seres humanos.

Griffin tan solo presentó al mundo una ínfima parte del sufrimiento que viven multitud de hombres, mujeres y niños que tan solo quieren vivir y no sentirse extraños o perseguidos, pero si nos atrevemos a mirar más allá de nuestras narices, podremos ver que esa realidad que presenta, sigue aún latente en nuestros días. Y como no actuemos seguirá hoy, mañana y siempre.

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