A veces lloro…

En esta ocasión, para no saturar con tanta información como he ido dando este mes, os dejo este breve texto que escribí hace unos días para haceros pensar y empatizar:

A veces lloro pero no por simple tristeza, sino por sentimientos encontrados entre las llagas de mis dedos y las cicatrices de mi cuerpo.

A veces lloro pero no por impotencia, sino por sentirme atrapado en un mundo que yo no he elegido habitar.

A veces lloro pero no por hundimiento, sino por sentir la oscuridad acechando a mi alrededor.

A veces lloro pero no de alegría, sino de euforia contenida por un trabajo bien hecho.

A veces lloro pero no de felicidad, sino por ver la semilla que voy plantando en otros y poderla regar con mis lágrimas.

A veces lloro, sí, porque llorar no es más que un proceso añadido al transcurso de la vida; ese proceso que nos educa, nos alienta, nos frena ante un error y nos alza hacia las nubes. Lloro, sí, pero porque estoy vivo.

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