Magia en la Antigua Roma

En esta ocasión quiero compartir un pequeño trabajo de investigación que he realizado recientemente. Como bien sabemos, los romanos poseían multitud de dioses y otros seres que pretendían dar sentido a todos los fenómenos naturales o sucesos que tenían lugar en torno a sus vidas y cuya fuente u origen desconocían por completo.

A pesar de ello, los romanos no solo rendían culto a los dioses pertenecientes a su panteón, sino que también veneraban y honraban a ciertos espíritus y fuerzas ocultas pertenecientes a la naturaleza y el inframundo. Estos cultos se centraban en la petición de ayuda a las deidades, lo espíritus o las fuerzas naturales. Al parecer, recurrir a la magia a través de los espíritus otorgaba mejores resultados que las peticiones y sacrificios a las deidades pero, a diferencia de estos últimos, la magia no estaba permitida.

Para realizar los rituales se contaba con la ayuda de magos que aprovechaban la superstición y la sugestión para lograr un mayor éxito en dichas prácticas. Además, eran ellos mismos los que creían en su poder y se consideraban especiales y dignos para controlar la naturaleza a su gusto y conseguir lo que se les solicitaba.

Asimismo, la adivinación era otra forma de empleo de la magia. Esta se basaba en la observación de fenómenos naturales para realizar predicciones. Dado que la naturaleza parece seguir ciertos ciclos, la observación de dichos fenómenos hacía que se creyera en augurios y en acontecimientos pasados y por pasar. A diferencia de la magia, la adivinación no estaba tan prohibida, de hecho, augures y arúspices eran numerosos en la aristocracia romana, debido a que emperadores, magistrados y militares hacían uso de sus dotes adivinatorias.

De este modo podemos diferenciar en dos tipos de magia denominados magia blanca o magia negra. La magia blanca era aquella que proporcionaba algún beneficio, sin que nadie salga perjudicado ya fuese a través de la adivinación, la protección contra malos espíritus y otras desgracias, la obtención de buena suerte y la sanación de enfermedades. Por el contrario, la magia negra hacía uso de malos espíritus y crueles conjuros para conseguir la desgracia ajena y, la prosperidad propia, a costa de otros. La magia se empleaba para distintos propósitos: conseguir éxito, tener suerte jugando a los dados y ganar dinero, conseguir prosperidad y victoria, sanar enfermedades o deshacerse de plagas y otros animales.

Por otro lado, se encontraba la adivinación antes mencionada, con la característica de que no se podía ejercer en unos días determinados, dado que existían unos días favorables (Los días 1, 4, 5, 14, 19, 20, 23 y 24 por la mañana, los días 2 y 7 a mediodía, los días 11, 21, 22, 26 y 30 por la tarde y los días 8, 10, 12, 13, 15, 18, 27, 28 y 29) y otros no aptos (los días 3, 6, 9, 16, 17 y 25).

También existían diferentes tipos de adivinación dependiendo del método utilizado. Entre ellos encontramos ejemplos curiosos como la adivinación por medio del vuelo de las aves y sus graznidos, la adivinación por medio de un espejo, la adivinación basada en las vibraciones de un hacha o la adivinación por la forma en que se comían los pollos sagrados.

Además de la magia y la adivinación, existían otros hechizos y maleficios que servían para “llamar” a seres infernales y a fuerzas impersonales, manipulando ciertos objetos y palabras en simpatía con el demon o dios cuyo poder quería utilizarse. Una de las más conocidas era la devotio, una fórmula dirigida a personalidades malignas para conservar o quitar la vida de alguien.

Estos hechizos podían utilizarse para conseguir objetivos diversos: proteger una ciudad en peligro, dominar el alma o la sombra de una persona o “atar” a alguien e impedir que haga ciertas cosas contra nuestra persona. También se llevaban a cabo exorcismos con el fin de expulsar a un demon que estuviera perjudicando a una persona.

Y finalmente, también se deben mencionar los sacrificios humanos. La sociedad aborrecía esta práctica y el Senado la abolió en el año 97 a.C. A pesar de ello se siguieron produciendo de forma clandestina. Algunos ejemplos públicos de estos sacrificios tenían lugar en la primavera votiva, donde se sacrificaba a todo aquel y a todo aquello que hubiera nacido durante dicha estación, lo que incluía a los niños también. Se sabe también que se realizaban sacrificios humanos cuando se fundaba algún edificio público, incluidos los de niños.

FUENTES:

ESPINÓS, J., MARIÁ, P., SÁNCHEZ, D., VILAR, M. (2003). Así vivían los romanos. Madrid, Anaya Editorial.

GARCÍA FONT, J. (1988) Magia y superstición en Roma. Historia Y Vida, (244), 27-35.

MARCOS, M. A. (2000) Supersticiones, creencias y sortilegios en el mundo antiguo. Madrid, Signifer Libros.

SANJUÁN, L. Superstición, magia y otras creencias en el arte de la Hispania romana (Doctorando). Madrid, Universidad Complutense de Madrid.

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