Un libro me salvó la vida

En esta ocasión quiero conmemorar el día del libro contándoos una breve historia sobre cómo puede influir la literatura en ciertos momentos clave de nuestras vidas. Podéis pensar que esta historia no es más que una historieta, pero creo que muchos de los que la vais a leer ya la conocéis.

«Una vez, hace ya unos años, me encontraba yo en un momento vital tremendamente delicado; ese momento donde la vida parece no encontrar un objetivo, un sentido de la existencia. Tenía problemas con los compañeros de clase, con los profesores, con mis padres… En fin, con todo el mundo prácticamente. Me encontraba en un limbo donde todo lo que me rodeaba era tremendamente problemático.

Pero más allá de encontrarme mal con el mundo, me encontraba mal conmigo mismo. La mente era mi enemiga directa y los pensamientos me pesaban. Todo hacía que me hundiera en mi propio ser, intentando salir de mi habitación donde las paredes se alzaban e inclinaban con amago de aplastarme. Necesitaba hacerme pequeñito para llegar a encontrar algo para salir de ahí.

Resultó que un día, mientras en clase me centraba en mis divagaciones forzadas, apareció un pequeño halo de luz. Un libro llegó a mis manos de manera inesperada. No hablo del libro al que todos atribuyen su salvación pero que tan solo han dedicado medio minuto a leer cuatro frases que un “superior” le había recomendado. Se trataba de un libro que me entregaban y obligaban a leer.

En aquella época, los libros no eran ni mucho menos mis amigos. Siempre me habían obligado a leer multitud de textos que, por encontrarse dentro de esa obligatoriedad didáctica, pasaron a formar parte de una estantería llena de polvo, y fue años más tarde que, mientras ordenaba esos libros en un supuesto momento de estudio, me llamó la atención y lo empecé a leer.

Aquel libro, contaba la historia de un joven de mi edad que, cansado de su situación forzada, decidió huir y vivir en un mundo que se asemejaba a mi propia realidad. Aquel adolescente decidió probar a vivir como los adultos, enfrentándose a situaciones realmente crudas y delicadas sin la intervención de ningún familiar u otro tipo de autoridad. Se enfrentó a sus profesores y a su familia, afrontando todo lo que le tocaba vivir por sí mismo y sin ayuda de nadie.

El libro me impresionó. Me mostró cómo puede un adolescente, con todas preocupaciones y dudas propias de la edad, era capaz de afrontar la vida y compartir con el lector todos sus pensamientos a través de palabras tan coloquiales que eran tremendamente fáciles de comprender.

En aquel momento decidí coger mi vida por las riendas y empezar a ser yo el que se fuese forjando el futuro y saliendo del pozo poco a poco. Desde entonces, siempre que me veo realmente saturado, paso una tarde aislado del mundo para dedicarle un momento al joven Holden Caulfield y sus venturas y desventuras».

Por ello, a ti que estás leyendo esto, te quiero felicitar este día del libro tan raro que nos ha tocado vivir. Pues hoy es el día del libro, de los y las novelistas, los y las ensayistas, los y las poetas, los libreros y libreras y por supuesto vuestro, lectores y lectoras. Aprendamos a ver en un libro nuestro mundo interior, que para sufrir y ahogarse ya está el mundo real.

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