El Origen del Carnaval

En esta ocasión vamos adentrarnos en la historia que hay detrás del origen de una de las festividades más importantes en lugares como Río de Janeiro, Venecia o, mismamente, Santa Cruz de Tenerife y Cádiz. Podríamos pensar que esta festividad se originó en alguno de estos lugares, pero en absoluto.

Al hablar del origen del Carnaval encontramos algunas fuentes que aseguran que se remonta a más de 5.000 años en Egipto; otras lo sitúan en el Imperio Romano, ya que se lo relaciona con las Saturnales, una fiesta celebrada en honor del dios Saturno. Otras, sin embargo, lo sitúan en la Antigua Grecia, ya que también se celebraba una festividad similar donde se veneraba al dios Dionisio.

Encontramos que todas estas festividades se celebraban en el mes de febrero, un momento de transición entre el invierno y la primavera y en la que se situaban algunos ritos de purificación (la cuaresma católica, por ejemplo). En esta época se pensaba que el dios Saturno vagaba por la tierra durante el invierno y se necesitaban estos rituales para devolverlo al inframundo. Por eso, con banquetes, bailes y vestidos que representaban a este dios y se celebraba la abundancia del campo abandonando por un tiempo las obligaciones.

Por otro lado, en Grecia se celebraban las llamadas Bacanales y Dionisias, en estas últimas se organizaban procesiones y representaciones de teatro. Actualmente, en algunos países de Latinoamérica, aparece la figura del Rey Momo como uno de los personajes principales de la festividad. Este personaje tiene su origen en Grecia dado que Momo era el dios de la burla y el sarcasmo.

Es ya en la Edad Media cuando la fiesta adquiere el nombre de Carnaval que proviene de “carnem levare”, lo que significa “quitar la carne”. Esto se debe a la cercanía de la festividad con el Miércoles de Ceniza que daba pie a la Cuaresma. Este periodo se centra en el ayuno y la abstinencia y hoy en día se sigue eliminando el consumo de carne los viernes de cuaresma. Por ello, los días previos se celebraba esta fiesta de culto al libertinaje y para ello se cubrían los rostros con máscaras y disfraces para salvaguardar el anonimato.

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