Esclavos de nuestras Palabras

Si nos paramos a pensar en las cosas que decimos en los diversos momentos del día, nos podemos llegar a dar cuenta de la cantidad de cosas que dejamos pendientes, las pequeñas mentiras que decimos o las contradicciones.

Esto nos pasa por culpa de la insensatez con la que hablamos muchas veces. Soltamos juramentos, promesas y todo tipo de compromisos verbales que nos obligan a llevar a cabo diversas acciones de cualquier índole.

También nos atan los los insultos y los juicios y prejuicios que lanzamos sobre las personas. Por eso somos esclavos. Esclavos de nuestros halagos y nuestras injurias. Esclavo de nuestras palabras al fin y al cabo.

Deberíamos intentar mejorar en ese aspecto siendo conscientes de lo que cada una de estas conjunciones nos puede llegar a acarrear, de esa manera podremos llega a evitarlos. Y recordemos que, como dice el refranero:

"Por la boca muere el pez".

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